La relación entre el estrés y el acné es muy estrecha, sin embargo, el primero no ejerce una acción directa sobre el acné, sino más bien desencadena una serie de procesos que tienen como resultado un brote. Lo que está detrás de esta afección y particularmente en el caso emocional es el cortisol, que al aumentar los niveles de estrés, también se eleva y afecta las glándulas sebáceas de la piel provocando, entre otras cosas, que exista mayor obstrucción de los poros, es decir, produce un “exceso” de sebo con la consiguiente aparición de lo que conocemos como grano.

Además, el cortisol genera inflamación, lo cual también tendrá un efecto sobre la piel haciendo que el brote de acné sea peor. También provoca impacto sobre el sistema inmune, y a generar un círculo vicioso que lleva a tocarnos la cara más veces de lo normal, empeorando las lesiones, inflamación e infección.

¿Qué es el acné y qué relación tiene con el estrés?

El acné es una patología inflamatoria del folículo pilosebáceo siendo los comedones, factor que lo diferencia de otras lesiones crónicas de la piel como la rosácea. 

El estrés es uno de los factores que exacerba esta afección, relacionándose con brotes agudos y severos. Sin embargo, hay muchos factores implicados en el acné: hiperqueratosis del ducto folicular, la hipersecreción grasa por estímulo androgénico (como la testosterona, por ejemplo, en aquellas mujeres que tienen Síndrome de Ovario Poliquístico), la colonización del ducto secretor con el Propionibacterium acnes y la inflamación, es decir, que no existe una causa específica e incluso es multifactorial. 

Además, otros factores pueden ser algunos cosméticos que muestran capacidad comedogénica, factores mecánicos (fricción excesiva, roce), exposición solar a través de la luz ultravioleta, anticonceptivos orales, hormona tiroidea, progesterona y muchos más.

Con respecto nuevamente al estrés, éste aumenta los niveles de cortisol porque ejerce un efecto sobre el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, con posterior aumento de la secreción androgénica. La función de las glándulas sebáceas es muy importante y la producción de sebo es directamente controlada por los andrógenos. La liberación de cortisol y andrógenos está significativamente aumentada, como respuesta a los eventos emocionales que generan estrés. No obstante, el estrés genera alteraciones en el sistema inmune que pueden desencadenar una reducción progresiva en la respuesta de los anticuerpos, estimular lipogénesis de las glándulas sebáceas, seguido por la proliferación de Propionibacterium acnes, influyendo así sobre nuestras glándulas sebáceas. 

Existe una estrecha e íntima relación entre la piel y nuestras emociones, que deja ver la importancia de un abordaje holístico en el cuidado de los pacientes con problemas en la piel. El estrés emocional puede afectar patologías cutáneas, como dermatitis atópica, dermatitis perioral, acné, rosácea, psoriasis.

¿Por qué es importante conocer esta relación entre el acné y el estrés?

Como dice la frase “el saber es poder” tal así se aplica a nuestro cuerpo: el conocer los procesos por los que pasa nuestro organismo nos ayudará (y en parte dará el poder) a identificar aquellos factores que desencadenan e incluso agravan el brote de acné. El desconocimiento de los factores y procesos implicados, sobre todo cuando hay un brote espontáneo, incluso generan más ansiedad por no saber qué es lo que a nuestro cuerpo le está sucediendo. De esta manera podremos afrontar de mejor forma la sintomatología.

Hemos comprobado en otros casos, con pacientes que una vez que conocen qué es lo que sucede en su cuerpo y relacionado con su afección, logran calmarse y darle un sentido. Esto es muy importante cuando se trata de acné relacionado con estrés. 

5 maneras de combatir el acné producido por el estrés

1 – Reducir niveles de cortisol:

El cortisol es una hormona antiinflamatoria segregada por la cápsula suprarrenal en situaciones de estrés físico y emocional, y secreción crónica lejos de ejercer una acción antiinflamatoria, hace el efecto contrario. Nos inflama, aumenta la destrucción de colágeno, modifica la microbiota intestinal y además y entre otras cosas exacerba niveles hormonales de andrógenos, que son uno de los factores principales del acné. Es por ello que se recomienda la suplementación con adaptógenos como ashwagandha y rhodiola, realización de ejercicios de relajación como mindfulness y yoga, e incluso en personas que lo requieran, realización de terapia cognitivo conductual.

2 – Buena alimentación:

Una alimentación rica en alimentos con zinc que ayuda a combatir el acné, baja en azúcares y ultraprocesados, y una buena fuente de probióticos, que son aquellas bacterias beneficiosas que incorporamos con la alimentación, por ejemplo, a través de yogur, kéfir, quesos, ayudarán a colonizar no sólo la mucosa intestinal sino también a repoblar la microbiota de nuestra piel. También se ha estudiado que alimentos como el azúcar, los lácteos desnatados, y el chocolate principalmente el que lleva poco cacao, empeoran los brotes.

3 – Ejercicio físico:

Además que permite un buen estado de salud, realizar actividad física permite liberar neurotransmisores como serotonina, endorfinas y dopamina que ayudarán a regular los niveles de estrés y por ende de cortisol. Además, en aquellas personas que el acné que presentan sea mayormente hormonal, y el estrés solo un factor que empeora el brote, el ejercicio de fuerza mejorará los receptores de testosterona a nivel muscular contribuyendo a mayor control.

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4 – Evita tocar tu cara:

Al tocar la cara no solo que lastimamos la piel, sino que también esparcimos las bacterias, generando más lesiones de acné, además que puede dejar cicatrices, eritema y/o hiperpigmentación postinflamatoria. También es importante tener en cuenta que la mayoría de las veces tocamos la cara con las manos sucias lo cual puede generar infecciones. ¡Tocarse los granos es un mal hábito!

5 – Activos tópicos:

Antes de aplicar cualquier producto consulta con tu dermatólogo. Hay sustancias tópicas que podrán ayudarte a mejorar las marcas, inflamación y reaparición de las lesiones de acné: retinoides, ácido azelaico, ácido salicílico, etc.

Siempre consulta con tu dermatólogo, médico y nutricionista que podrán guiarte hacia la mejor solución, tratamiento y mantenimiento.

Conclusión

Las emociones tienen un gran impacto en nuestro organismo, desde generarnos retortijones cuando estamos nerviosos a tener un brote de acné incluso cuando no solemos tener. Conocer los procesos que intervienen en la aparición y reaparición de brotes es fundamental para saber cómo abordarlo, qué debemos evitar y cómo mantener una salud cutánea a lo largo del tiempo.

Es por ello que se recomienda, para una buena barrera cutánea, contar con herramientas que nos permitan afrontar el estrés haciendo una buena gestión de este, tener una alimentación saludable, realizar actividad física, tener una rutina de higiene facial e incluso la incorporación de activos que te permitan recuperar la piel tras las lesiones. 

Por ello, no dejes de consultar con profesionales que te puedan guiar de forma integral y segura.

Bibliografía

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