Eje microbiota-intestino-cerebro: ¿Qué es y cuál es su relación con el estrés?

En los últimos años se han llevado a cabo muchas investigaciones para estudiar la relación que existe entre la microbiota del tracto digestivo y el sistema nervioso central, el denominado eje microbiota-intestino-cerebro.

November 18, 2021
Salud

Publicado por Clara Rolando, nutricionista en Keval+

En los últimos años se han llevado a cabo muchas investigaciones para estudiar la relación que existe entre la microbiota del tracto digestivo y el sistema nervioso central, el denominado eje microbiota-intestino-cerebro. Se cree que los dos órganos mantienen una comunicación bidireccional, la cual se produce a través de tres vías: el nervio vago, la vía sistémica (mediante la liberación de hormonas, metabolitos y neurotransmisores) y el sistema inmune (por la acción de las citocinas).

Aunque aún quedan muchas incógnitas por esclarecer, este eje se postula como una posible base patógena para numerosos trastornos neurológicos y autoinmunes de gran impacto sanitario, como enfermedad de Alzheimer, de Parkinson, esclerosis múltiple, así como también la enfermedad inflamatoria intestinal y diabetes.

Se denomina microbiota al conjunto de millones de microorganismos que conviven de manera simbiótica en nuestro organismo. Este conjunto bacteriano, que se localiza principalmente en el tracto digestivo, se distribuye a lo largo de los diferentes órganos en función de las propiedades químicas. Los factores que influyen en su composición son múltiples (hábitos dietéticos, uso de fármacos, lactancia materna, forma de parto, exposición a tóxicos, estrés, genética, etc.). La microbiota colabora en varias funciones, entre ellas en la respuesta inmune y en los procesos metabólicos.

En el mundo moderno, el ser humano se encuentra sumergido permanentemente a situaciones de estrés, por las cuales transita por diferentes estados de ánimo, dolores, fatiga, cansancio, y diversos problemas gastrointestinales. ¿Alguna vez has atravesado por una de estas situaciones? Por ejemplo, “tener semanas duras en el trabajo, y tu intestino explota de dolor”, o “ruptura con tu pareja, y tu estómago se cerró y gritó de dolor”, etc. En mi experiencia con pacientes es habitual escuchar estos relatos en el consultorio y además personalmente también lo he experimentado y sufrido.

En este artículo voy a explicarte la relación que existe entre las situaciones de estrés y la influencia directa que tiene con nuestro intestino. Es fundamental gestionar las emociones para poder mantener una salud intestinal equilibrada.

¿Qué es el eje microbiota-intestino-cerebro?

El eje intestino-cerebro data de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, a partir de observaciones de diferentes científicos. Actualmente se postula a la microbiota intestinal como un factor imprescindible en relación a la salud-enfermedad, por lo cual se ha comenzado a hablar de eje microbiota-intestino-cerebro. Está constituido por una comunidad de microorganismos vivos residentes en el sistema digestivo (la microbiota intestinal), el sistema nervioso entérico, el sistema nervioso autónomo, el sistema neuroendocrino, el sistema neuroinmune y el sistema nervioso central. El complejo eje conforma un sistema de comunicación bidireccional entre el sistema neurológico- endocrino-humoral y el sistema gastrointestinal.

Existen muchos estudios científicos que establecen una posible correlación entre las alteraciones de la microbiota y estrés, el cual está involucrado en diferentes patologías crónicas, autoinmunes  y neurodegenerativas. Es decir, se cree que dichas enfermedades tienen una posible relación con la alteración de la composición normal de la flora intestinal (disbiosis) generando cambios en la motilidad y secreciones gastrointestinales, produciendo una permeabilidad intestinal. En estas circunstancias se ven afectadas las células neuroendocrinas y las del sistema inmune, modificando la liberación de neurotransmisores.

Una cuestión importante a destacar es que la serotonina, neurotransmisor que se produce el 95 % en el intestino, es quien regula una amplia gama de funciones relacionadas al estado de ánimo y las emociones.

¿Cuál es su relación con el estrés?

Clásicamente el estrés se define como un estímulo puntual, agresivo o no, percibido como amenazante para la homeostasis del cuerpo.

El estrés agudo activa un conjunto de reacciones que implican respuestas conductuales y fisiológicas (neuronales, metabólicas y neuroendocrinas) que permiten al organismo responder al estresor de la manera más adaptada posible. Por otro lado, el estrés crónico es producido por grandes sobrecargas mantenidas en el tiempo (incluidas tanto las de origen físico y psicológicas), lo cual provoca la activación del eje simpático-adreno-medular (SAM) y la del eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA), dando como resultado la liberación de diferentes hormonas, principalmente cortisol (y adrenalina).

Como consecuencia se generan diferentes efectos en los sistemas del organismo, como es el aumento de la presión arterial y la frecuencia cardíaca, la inhibición de la dilatación de los vasos sanguíneos (pudiendo generar infartos), la modificación en la percepción del dolor, la excarcelación de los trastornos de fertilidad, la disfunción a nivel intestinal (disbiosis y permeabilidad), la alteración en la calidad del sueño, la falta de concentración y memoria, el aumento de glucosa en sangre generando resistencia a la insulina y acumulación de grasa a nivel abdominal, entre otros.

Feedback: microbiota intestino-cerebro y estrés

El eje microbiota-intestino-cerebro se basa en la comunicación neuroinmunoendocrina, es decir, la microbiota intestinal se va a comunicar con los sistemas homeostáticos (el nervioso, el endocrino y el inmunitario) en el intestino y desde allí, a través de diversas vías, con el cerebro, influyendo en su funcionamiento. Por la bidireccionalidad del eje, todo lo que sucede en el cerebro va a influir en el intestino, modificando su actividad y a la microbiota residente.

El sistema nervioso intestinal, denominado el segundo cerebro, está conformado por un sistema nervioso intrínseco, el entérico (SNE), con sus plexos neuronales y sus células, y un sistema nervioso extrínseco, el sistema nervioso autónomo (SNA) constituido por el simpático y el parasimpático (nervio vago).

Gracias a ellos se pueden controlar todas las funciones intestinales, pero además lo que sucede en el intestino llega al sistema nervioso central (SNC), incidiendo así en los sentimientos, emociones, motivaciones y funciones cognitivas. Las situaciones de estrés favorecen la generación de modificaciones en la permeabilidad de la barrera epitelial, lo que permite la translocación de microorganismos y sus productos (metabolitos), desencadenando una respuesta inflamatoria con una producción de citoquinas pro-inflamatorias que afectan al intestino, y luego llegan al SNC

En el cerebro, ciertas células se activan en respuesta a estos mediadores y produce una elevada cantidad de oxidantes y sustancias que predispone a la neuroinflamación y todas las patologías asociadas a la misma.

Síntomas relacionados con el eje microbiota-intestino-cerebro y el estrés

El estrés influye en nuestra salud y bienestar alterando el funcionamiento del aparato digestivo y otros sistemas. Como explicamos anteriormente, esto es debido a las comunicaciones bidireccionales existentes entre el tracto gastrointestinal y el cerebro.

Los trastornos gastrointestinales más comunes que presentan las personas  por la exposición al estrés son: Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII), Síndrome de Intestino Irritable (SII), Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico (ERGE), Úlcera Péptica, y varias Intolerancias Alimentarias. Además, en un estado de alarma con descarga de adrenalina y cortisol, se puede manifestar náuseas y falta de apetito, y a la vez se ha descubierto que en algunas personas puede provocar la incitación a comer más.

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Efectos que tiene el estrés sobre el eje intestino-cerebro:

Alteraciones en la motilidad y secreción gastrointestinal, disminución del flujo sanguíneo de la capa mucosa, y baja proliferación y reparación de la mucosa lesionada

Los cambios en las secreciones y el aumento de la permeabilidad en respuesta al estrés alteran la barrera gastrointestinal y, consecuentemente, van a iniciar respuestas inflamatorias en la mucosa y activar el sistema inmune, provocando la disfunción del tracto gastrointestinal. Además se genera una disminución del umbral de sensibilidad, provocando hipersensibilidad visceral y aumento de la motilidad del colon.

Activación del sistema inmune

Aumentando la liberación de los mastocitos, los cuales promueven el incremento de mediadores como proteasas y citoquinas pro- inflamatorias que inducen el aumento de la permeabilidad e inflamación intestinal, respectivamente. Además el aumento de interleucinas y factor de necrosis tumoral produce una inflamación de bajo grado. También se eleva el neuropéptido Y, que genera vasoconstricción y disminuye la función inmunológica.

Modificación de la composición y el hábitat de la microbiota intestinal

Al alterarse el territorio de la flora intestinal, las células del epitelio permiten el paso de toxinas, microbios y diferentes partículas sin digerir hacia el torrente sanguíneo, aumentando la permeabilidad intestinal y generando procesos de inflamación y autoinmunidad.

Además ciertas investigaciones analizaron que al alterarse la flora intestinal se producen ciertos metabolitos, que pueden repercutir en la función mental, provocando falta de memoria, cambios en el estado de ánimo y enfermedades neurodegenerativas.

Por otro lado, en un estudio reciente se ha demostrado que lactantes de madres que sufrieron niveles altos de estrés durante el embarazo, tuvieron una modificación en su microbiota (abundante cantidad de Proteobacteria, y menor cantidad de Bifidobacteria y bacterias Lácticas). La alteración de la microbiota de los bebés, provocó síntomas gastrointestinales, reacciones alérgicas y anormalidades funcionales en el eje cerebro-intestino.

Esquema que ilustra la variedad de enfermedades y procesos patológicos en los que la microbiota está actualmente implicada; los ejemplos incluyen trastornos psiquiátricos y neurodegenerativos, dolor, estrés, síndrome del intestino irritable (SII), accidente cerebrovascular, adicción y obesidad.

 Cyan JF  et al. (2019). The Microbiota-Gut-Brain Axis. Physiol Rev.1;99(4):1877-2013

Conclusión

La respuesta normal del cuerpo a aquello que nos causa miedo, ansiedad, y exaltación (el estrés) es una respuesta natural clave para la supervivencia, pero que vivido de manera continua y con una intensidad excesiva tiene efectos negativos sobre la salud.

Es decir, el organismo con un nivel elevado de cortisol y adrenalina de forma constante y mantenida en el tiempo, pone en marcha mecanismos para adaptarse y dar respuesta a “la urgencia”, restringiendo ciertas funciones como la digestión y la reparación de tejido, activando al sistema inmunológico y aumentando los niveles de glucosa en sangre con la finalidad de proveer energía extra al cuerpo ante una situación de peligro.

La fatiga, los trastornos de ansiedad, la depresión, los dolores, el malestar gastrointestinal y las alteraciones en la conducta alimentaria, son síntomas comunes y vinculados a la vida moderna en constante actividad acelerada, donde las demandas físicas y psicosociales provocan una respuesta al estrés, dando como resultado la liberación de diferentes hormonas, generando hiperactivación del sistema inmune y alteraciones en la microbiota intestinal, la cual desempeña un papel sobre nuestro comportamiento y actividad emocional.

Por todo lo expuesto y explicado, creo que es fundamental hacer una pausa, y tomarnos unos minutos del día para reflexionar. Te invito a hacer una respiración profunda y pregúntate ¿Estoy escuchando a mi cuerpo? El control y gestión del estrés es muy importante para poder gozar de una salud integral. 

Recuerda conectar con tu ser, vincularte con la naturaleza, realizar actividad física, utilizar técnicas de relajación (como la medicación, yoga) y ser compasivo contigo mismo. Además no olvides hidratarte con agua y alimentarte con alimentos reales, y si es necesario incorpora suplementos naturales como probióticos, prebióticos, vitaminas y minerales, indispensables para el buen funcionamiento del organismo.

Siempre se consciente y cuida del fascinante eje microbiota-intestino-cerebro, que aunque todavía queda mucho por descubrir, sabemos que nuestra salud depende de su equilibrio y armonía.

Referencias Bibliográficas

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