Publicado por Pilar Forte, nutricionista en Keval+

La diabetes tipo 2 es una enfermedad multifactorial que está aumentando su prevalencia en los últimos años, nombrándose ya como una epidemia que afecta a un gran porcentaje de la población: el 90% de los 246 millones de casos de diabetes mundial son de tipo 2.

Es una enfermedad que cursa con un aumento progresivo de los niveles de glucosa en sangre debido a un fallo en la gestión de la insulina, la hormona secretada por el páncreas cuando existe azúcar en la sangre, y que se encarga de transportarlo al interior de las células para metabolizarla. 

¿Qué es la diabetes tipo 2?

A diferencia de la diabetes tipo 1, que es una enfermedad de carácter autoinmune donde el problema radica en el páncreas que no libera suficiente insulina y debe ser proporcionada de forma exógena, la diabetes tipo 2 siempre lleva una resistencia a la insulina asociada, que es la situación que ocurre en las células del organismo (principalmente las células musculares, del tejido graso y del hígado) al no responder de forma eficiente a la insulina y como consecuencia no pueden absorber de forma correcta la glucosa que hay en la sangre para obtener energía de ella.

Esto genera una sobreproducción de insulina (hiperinsulinismo) por parte del páncreas que tiene que trabajar en exceso para producir más hormona y que con el tiempo puede conllevar a un agotamiento de la reserva en la glándula. 

A la larga, estos problemas asociados a la gestión de la glucosa producen lesiones en el organismo y fallo en los distintos órganos y tejidos, de ahí la importancia de actuar a tiempo para prevenirlos

Síntomas de la diabetes tipo 2

Este tipo de diabetes no suele presentar síntomas al principio o se desarrollan lentamente, por lo que la persona puede estar varios años sufriéndola sin percibirlo. La mayoría de personas que padecen diabetes tipo 2 sufren de sobrepeso u obesidad y pueden presentar algunos de estos síntomas:

Orinar con frecuencia

El organismo necesita eliminar la glucosa lo antes posible con tal de normalizar el nivel en sangre. De forma secundaria, también la persona tendrá más sed puesto que se está deshidratando al orinar constantemente. 

Hambre constante

Debido a que existe una mala sensibilidad a la insulina y las células no pueden absorber ni metabolizar la glucosa de forma correcta para obtener energía, el organismo detecta que no hay alimento suficiente y te lo indica aumentando las hormonas que promueven el hambre. 

Cansancio, fatiga constante y somnolencia

Suele ser más pronunciada tras comidas ricas en hidratos de carbono debido a esa mala gestión y metabolización de la glucosa. 

Mala cicatrización

Puede haber una mala cicatrización tanto de heridas como de infecciones frecuentes 

Síntomas asociados a la inflamación crónica de bajo grado

Poca energía, alteraciones hormonales, liberación de moléculas inflamatorias (citoquinas) que producen dolor muscular, dolor de cabeza… 

Observaciones en la analítica

Podemos observar diferentes parámetros alterados en la analítica sanguínea:

  • La diabetes tipo 2 comienza con una elevación de glucosa en sangre en ayunas (elevación progresiva: 95, 100, 105…). 
  • Hemoglobina glicosilada: constituye un parámetro más preciso que refleja cómo ha sido el control de la glucosa entre los 2 y 3 meses previos. El rango saludable se sitúa en torno al 5% y no debería situarse por encima de este porcentaje. 
  • Glucosa en orina: el incremento de glucosa en sangre satura los transportadores que la filtran en los riñones y se acaba eliminando por la orina. Esta situación es conocida como glucosuria y es fácilmente detectable en una muestra de orina por medio de tiras reactivas. 

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Qué causa la Diabetes tipo 2

El desarrollo de una diabetes tipo 2 es el resultado de un fallo en el metabolismo por haber llegado a un límite donde existe de base una pérdida de la sensibilidad a la insulina en los receptores del organismo. A pesar de tener un componente genético, la diabetes tipo 2 es causada en su mayor parte por el estilo de vida: alimentación, falta de ejercicio, descanso, etc. El sedentarismo y la obesidad se convierten en los principales factores de riesgo de esta patología. 

1. Alimentación inadecuada

La alimentación inadecuada basada en dietas hipercalóricas que promueven el incremento de peso juega un papel fundamental en el desarrollo de esta patología.

Si hablamos de macronutrientes, la exposición a altas cantidades de hidrato de carbono refinado como pan blanco, pasta blanca, cereales refinados, zumos, dulces o refrescos azucarados durante un tiempo prolongado y fuera de un contexto deportivo donde la persona no utiliza esa glucosa para obtener energía, es uno de los factores influyentes más importantes. Al producirse una elevación constante de la glucosa en sangre por haber ingerido estos alimentos, el páncreas tiene que secretar cada vez más insulina para normalizar la glucemia, generando una alteración progresiva en los receptores periféricos. 

Modificar la dieta reduciendo la ingesta de hidratos de carbono, aportar aquellos de índice glucémico medio/bajo (cereales integrales, pseudocereales, etc.) e incrementando el consumo de proteínas y grasas saludables es necesario para controlar la producción de insulina y evitar sobrecargar el páncreas. Herramientas como el ayuno intermitente o la dieta cetogénica como estrategias puntuales también han logrado mejorar la sensibilidad a la insulina y controlar la glucemia en las personas que padecen diabetes tipo 2. 

2. Sedentarismo 

La falta de ejercicio o pérdida de masa muscular también es causa de la resistencia a la insulina. Los músculos son los encargados de captar entre el 70% y el 90% de la glucosa sanguínea, por lo que cuanta mayor afinidad tengan los receptores a la insulina situados en la musculatura, menor cantidad de insulina será necesaria para disminuir la glucemia y menor tendencia a almacenar la glucosa en forma de grasa en el tejido adiposo. 

Lo ideal es incluir tanto ejercicio cardiovascular como ejercicio de fuerza, ya no solo para mejorar la resistencia a la insulina, si no para activar el metabolismo, aumentar el gasto calórico y así poder regular el exceso peso corporal. 

3. Alteraciones metabólicas

El denominado síndrome metabólico o síndrome X, caracterizado por la presencia de tres o más factores de riesgo cardiovascular (elevación de la presión arterial, dislipidemia con aumento de LDL y triglicéridos y disminución del HDL, aumento de grasa  visceral y un estado proinflamatorio) se encuentra estrechamente asociado a la diabetes tipo 2 y tienen como origen un fallo metabólico de base. 

Otra alteración que acompaña a la diabetes como es la dislipidemia también genera una disminución de la sensibilidad a la insulina ya que se ha visto como una elevación de los ácidos grasos genera lipotoxicidad en tejidos como el páncreas. 

4. Contexto de inflamación crónica

Este tipo de inflamación se da a nivel sistémico y se produce con el transcurso de meses o años (a diferencia de una inflamación aguda en un momento determinado) caracterizándose por la elevación de sustancias inflamatorias en el organismo (citoquinas proinflamatorias) y una alteración del sistema inmune que puede conllevar a la larga al desarrollo de patologías autoinmunes. La persona que lo padece tendrá síntomas como dolores articulares o de cabeza, poca energía, dificultad para realizar ejercicio con cierta intensidad, etc. 

Existe una importante relación entre la inflamación, la diabetes tipo 2 y el síndrome metabólico a pesar de que todavía no se conocen con exactitud los mecanismos implicados. 

Todo este contexto de alteraciones metabólicas implican que la persona que lo padezca tenga que acabar recurriendo a fármacos para tratar individualmente cada síntoma: antihipertensivos, hipolipemiantes, hipoglucemiantes, etc. 

Conclusiones

La diabetes tipo 2 es una enfermedad multifactorial que se está instaurando cada vez más en nuestra sociedad actual y que puede traer consecuencias severas en la salud de la persona. 

Mantener un estilo de vida saludable será fundamental para prevenir y tratar esta patología e incluso lograr una disminución de los fármacos: mantener un peso corporal adecuado, llevar a cabo unos hábitos nutricionales correctos y adaptados a nuestras necesidades, huir del sedentarismo, lograr un buen estado de masa muscular, gestionar el estrés, descansar lo necesario o incluso ayudarse de suplementos naturales. 

Bibliografía

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