Publicado por Verónica Sobrino, nutricionista en Keval+

Desde que la industria empezó a añadir edulcorantes artificiales a multitud de productos, se nos ha ofrecido la posibilidad de seguir disfrutando del sabor dulce, sin el aporte de azúcar y calorías correspondiente. Todo el mundo sabe que el azúcar no es saludable y al ser conscientes de esto, la mayoría de personas intentan evitarlo. Esa es la razón por la que han aparecido multitud de edulcorantes, tanto artificiales como naturales. Vivimos en la era de lo light y la obsesión por las calorías, por lo que un alimento sin azúcar, pero lleno de edulcorantes, parece ser la respuesta para la pérdida de peso efectiva.

Un claro ejemplo lo tenemos en los refrescos azucarados. Una lata de refresco con azúcar proporciona aproximadamente unas 140 calorías, la misma cantidad de refresco light al que se le añaden edulcorantes proporciona cero calorías. La elección del consumidor es más que obvia.

Perfecto, sustituimos el azúcar por edulcorantes artificiales, pero ¿Son tan inocuos como quieren
hacernos creer?

La respuesta es un NO rotundo. Hay multitud de estudios en humanos que demuestran que los edulcorantes artificiales pueden ser igual de perjudiciales (o incluso peores) que el azúcar común.
Con frecuencia los edulcorantes pasan desapercibidos y no se relacionan con problemas de salud, pero esto está cambiando. Estudios recientes demuestran que afectan negativamente a la salud intestinal y tolerancia a la glucosa, además de consecuencias en el peso y nuestro bienestar general junto al riesgo de padecer diabetes tipo 2, síndrome metabólico y enfermedad cardiovascular.
Si lo anterior no fuera suficiente, también debes saber que reconstruyen la química de tu cerebro y el metabolismo estimulando las papilas gustativas y engañándolas. Pensando que estás consumiendo azúcar real, tu cuerpo se confunde y aumenta la producción de insulina, tienes más hambre, sobre todo de carbohidratos, comes mucho más y almacenas grasa. Algunos pueden provocar mareo, hinchazón abdominal, diarrea y gases.

Otro de los efectos del consumo de estas sustancias es que interrumpen las señales hormonales y neurológicas normales que controlan el hambre y la saciedad. Deja de confundir a tu cuerpo, si te apetece algo dulce, no lo suplas con endulzantes falsos, intenta educar tu sentido del gusto y acostúmbrate a sabores dulces de verdad, alimentos reales. Además, son altamente adictivos, piensa en lo que ocurre con los refrescos light, un alto porcentaje de población consume Coca- Cola Zero en cantidades considerables y son incapaces de eliminarla de su rutina diaria.

Los edulcorantes artificiales son sustitutos sintéticos del azúcar entre los que destacan:

Sacarina:

Gran concentración de dulzor. Prohibido en Canadá hasta 2014. (E-954)

Aspartamo:

Se encuentra en la mayoría de los productos comerciales (E-951)

Sucralosa:

En grandes dosis puede afectar a riñones e hígado. (E-955)

Acesulfamo K:

Parece estar unido a problemas neurológicos, hiperglucemia y secreción de insulina. (E-950)

Ciclamato:

Prohibido en EEUU desde 1970. (E-952)

Todos tienen efectos secundarios y están clasificados con toxicidad alta. Podéis consultar más
información en: https://www.aditivos-alimentarios.com

 

Como opción menos perjudicial:

 

Azúcar de caña integral o azúcar moreno:

Se obtiene a partir de la melaza o miel de caña. Según la variedad puede ser panela, Masboco o Rapadura.

Fructosa:

Puede contribuir a la resistencia a la insulina consumida en grandes cantidades.

Melaza o miel de caña:

Se obtiene al moler la caña y cocinando ese jugo

Melazas:

Se obtienen a partir de cereales como el arroz, maíz…

Miel:

Es uno de los endulzantes más antiguo, no necesita elaboración.

Sirope de ágave:

Edulcorante refinado procesado a partir del néctar de ágave.

Sirope de Arce:

Se obtiene de la savia del Arce.

Estevia:

Uno de los más utilizados actualmente. Intenta que sea lo más natural posible, idealmente ecológica, usando las hojas de la planta, secas y trituradas.

Xylitol:

Olialcohol que se obtiene del Abedul.

Azúcar de coco:

Se extrae de las flores de la palma de coco. También muy utilizado.

Ya sean artificiales o naturales, no deja de ser azúcar añadido a nuestra dieta. Si te gusta el dulce no pasa nada, puedes consumirlo, eso sí, de forma esporádica, pero pon en primer lugar a los alimentos de verdad, aprecia el sabor real de la comida. Al final dejará de apetecerte el “falso dulce” y tendrás poder para elegir lo más saludable.

De todas formas, no tienes por qué renunciar a cocinar pasteles, galletas o dulces, sólo debes encontrar el endulzante adecuado. Prueba a utilizar dátiles o pasta de dátiles, plátano, calabaza, boniato, manzanas, zanahorias o mi querida canela.

 

En resumen:

Os dejo algunas recomendaciones sobre el uso de edulcorantes.

Cambia el azúcar del café por canela y olvídate de la sacarina.

Es importante tomar conciencia de los azúcares ocultos, incluso en los llamados alimentos saludables. De ahí la importancia de leer los ingredientes y saber identificar también los edulcorantes menos favorables.

Aprende a apreciar la dulzura natural. Las frutas, por ejemplo, contienen un sabor dulce real sin la sobrecarga de azúcar de los alimentos procesados ​​o los efectos perjudiciales de los edulcorantes artificiales.

Deja de confundir a tu cuerpo. Si tienes ganas de algo dulce, come algo dulce, pero aléjate de los alimentos “falsos». Da prioridad a los alimentos reales e integrales y consume dulce de vez en cuando. Es mucho mejor que engañar a tu cuerpo con edulcorantes artificiales.

Usa estevia si es necesario, pero con moderación. Podemos hacer una excepción con la estevia siempre y cuando sea orgánica y pura.

Manténte lo más alejado posible de los edulcorantes artificiales. Recomiendo renunciar al aspartamo, la sucralosa, xilitol y el resto de edulcorantes usados ​​y comercializados.

Disfruta de la comida y ,recuerda, a nadie le amarga un dulce.