Publicado por Lucía Victoria Pedrotti, nutricionista en Keval+

Los tejidos que conforman los órganos y sistemas del cuerpo humano están libres de microorganismos en una persona sana, a excepción de los que toman contacto con el medio externo, que son: la piel, las mucosas del tracto respiratorio, las del tracto gastrointestinal, las del sistema reproductor, urinario y el ojo. Su composición es diversa y especializada, dependiente de la región o tracto donde se localice.

«Las enfermedades crónico degenerativas que encabezan las listas de mortalidad en todo el mundo se han relacionado con disbiosis.»

 

Inflamación intestinal

Hoy me voy a centrar en hablar de la comunidad de microorganismos que residen en nuestro Tubo Digestivo, llamados en su totalidad: “microbiota intestinal”. Los principales componentes de la microbiota intestinal son bacterias, hongos, levaduras y virus (viroma intestinal).

Estos organismos (alrededor de 100 billones) interactúan de manera simbiótica con nosotros y con nuestro genoma, regulando el metabolismo y obteniendo del entorno los nutrientes que necesita para su supervivencia.

Sus principales funciones son antibióticas y antivirales, porque evitan la colonización de los agentes patógenos con el fin de preservar su propio territorio. Juegan un papel activo en la digestión y fermentación de carbohidratos y grasas, intervienen en la síntesis de ciertas vitaminas y en el aumento de la biodisponibilidad de otras, también inciden en en el desarrollo del sistema inmunitario de la mucosa gastrointestinal (GALT).

Estos microorganismos son la primer barrera de defensa entre el medio externo y el interno.

La mayor parte de la actividad de esta microbiota es beneficiosa, siempre y cuando haya un equilibrio entre patógenos y comensales, que compiten entre sí por oxígeno, hidratos de carbono, aminoácidos y ácidos grasos. El proceso de colonización es dinámico y el daño en la microbiota (disbiosis) está relacionado con resultados que amenazan y perjudican nuestra vida.

Las enfermedades crónico degenerativas que encabezan las listas de mortalidad en todo el mundo se han relacionado con disbiosis.

Las patologías asociadas a dicho desequilibrio son: enfermedades inflamatorias intestinales (EII), cáncer, obesidad, alergia y trastornos autoinmunes. Por lo tanto, la manipulación de la microbiota intestinal humana surgió como una opción potencial para la intervención terapéutica de varias enfermedades. La microbiota intestinal es un factor clave en la configuración del perfil bioquímico de la dieta y, por lo tanto, su impacto sobre la salud y la enfermedad del huésped.

Debido a que el 70% de nuestro sistema inmune se encuentra en el intestino, no es raro que muchas enfermedades autoinmunes sean desencadenadas a partir de alteraciones en el mismo.

Y en este artículo no debemos dejar de mencionar la famosa frase “el intestino, nuestro segundo cerebro”. ¿A que se refiere esto? El sistema digestivo posee una extensa red neuronal que tiene la misma capacidad de liberar hormonas y neurotransmisores que nuestro cerebro, con el cual maneja una estrecha relación. A dicha red neuronal la llamamos: Sistema Nervioso Entérico (SNE).

Por este motivo por ejemplo, cuando estamos estresados se producen irregularidades en nuestro sistema gastrointestinal, las cuales se traducen en dolores, malestares, gases, digestiones pesadas, estreñimiento y cambios en la evacuación. Si estos problemas se mantienen en el tiempo podrían traducirse en alteraciones de nuestra microbiota con la consiguiente aparición de enfermedades inflamatorias.

Otro ejemplo de la conexión que existe entre nuestra salud intestinal y nuestra salud emocional es que el 90% de la serotonina (5-HT neurotransmisor del bienestar) que se sintetiza en el organismo se produce en las células entero endócrinas del tracto gastrointestinal, a partir del aminoácido Triptófano.

Es por ello que si existe una alteración en la microbiota intestinal, no sería raro pensar que esto podría ser causa de ciertos cambios de humor en los pacientes, como puede ser el padecimiento de una depresión tras la ingesta de antibióticos. No será descabellado que un paciente con dicha depresión mejore después de realizar ciertos cambios clave en su alimentación. En Keval lo vemos a diario en consulta, y creemos que el desconocimiento de dicha asociación por parte de la comunidad médica y de los mismos pacientes, muchas veces supone gastos innecesarios en psicofármacos que tapan el síntoma y no solucionan el problema de base.

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¿Qué causa la inflamación inestinal?

 

  • Estrés

  • Sobreentrenamiento

  • Alimentos ultraprocesados (por la calidad de sus azúcares y grasas)

  • Consumo excesivo de suplementación deportiva (por su alta carga de edulcorantes y cápsulas blandas)

  • Enfermedades Autoinmunes

  • Consumo excesivo de gluten

  • Antibióticos

¿Qué sucede entonces? En ciertos casos más graves los pacientes padecen: Disbiosis intestinal, permeabilidad intestinal y sobrecrecimiento bacteriano en intestino delgado, con consecuencias graves para la salud.

Dentro de los casos menos graves y más comunes que vemos en consulta en Keval, podemos observar que nuestros pacientes sufren los siguientes síntomas:

Síntomas clave

 

  • Malas digestiones.

  • Pesadez

  • Gases recurrentes

  • Dolor abdominal

  • Sensación de tener el abdomen lleno de aire en todo momento

  • Estreñimiento

  • Diarreas

  • Empeoramiento de los síntomas anteriormente dichos conforme termina el día

  • Y en los casos más severos, depresión

Dichos síntomas se pueden mejorar al 100% realizando cambios importantes en la alimentación y en el estilo de vida.

 

Cómo mejorar los síntomas y la salud de la microbiota intestinal

 

Suplementos de glutamina neutra:

Forma barata y fácil de proteger el tracto gastrointestinal ya que estimula la proliferación celular de la mucosa intestinal y mantiene la integridad de su pared.

Próbioticos:

Preparado o producto que contiene cepas de microorganismos viables en cantidad suficiente como para alterar la microflora y que produce efectos beneficiosos en dicho huésped. Se pueden consumir como suplementos o en alimentos naturales como kéfir, chucrut y miso sin pasteurizar.

Prebióticos:

Ingredientes de los alimentos no digeribles que producen efectos beneficiosos sobre los microorganismos que habitan nuestro intestino.

MACs:

Carbohidratos accesibles a la microbiota, fuente principal de energía para las bacterias intestinales. Como son los caldos de huesos, setas, especias (cúrcuma, canela, jengibre, pimienta de cayena) tubérculos, cebollas.

Ayunos Intermitentes:

Que promuevan el descanso intestinal

Eliminar el consumo de proteínas con cargas antigénicas:

Gluten, lácteos, sojaDieta baja en FODMAPS: oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polialcoholes fermentables.

Todas estas recomendaciones, como todas las que se refieren a mejorar nuestra salud, deben ser acompañadas de descanso adecuado, actividad física y correcta exposición a la luz solar.