Publicado por Lucía Victoria Pedrotti, nutricionista en Keval+

«Por querer imitar a la influencer de turno, los trastornos de la conducta alimentaria han mutado siguiendo un estereotipo de belleza hegemónica inalcanzable de manera natural.»

Estamos atravesando una época de total saturación de información gracias a internet y a las redes sociales. Muchas personas comparten contenido interesante y de calidad sobre salud, medicina, fitness, psicología, mindfulness, etc. A mí, particularmente, me resulta de gran utilidad ya que es enriquecedor aprender de diferentes profesionales la forma en la que manejar ciertos aspectos de la vida, ya sea dentro o fuera de consulta.

En lo personal, puedo aplicar un filtro de calidad y elegir qué quiero leer y a quién quiero seguir en las redes sociales. Esto hace que me surjan ideas sobre, por ejemplo, en que aspectos teóricos necesito ampliar mis conocimientos, que cursos hacer, que libros estudiar, que alimentos implementar en mis recetas, como variar mis entrenamientos, como empezar a gestionar mejor mis niveles de estrés, etc.

En la población general esta saturación de información también puede resultar positiva, ya que siguiendo cuentas de nutrición y fitness, las personas aprenden, por ejemplo, a cocinar platos saludables, a comer menos ultraprocesados, a bajar el consumo de azúcar diario, a hacer actividad física, etc. Pero también entiendo que, sin tener los recursos suficientes se suele caer en reduccionismos absurdos a la hora de alimentarse.

Sumado a esto cada profesional de la salud ejerce y divulga, en muchas ocasiones de manera caprichosa. Dando por sentado que la nutrición es una ciencia exacta en la que todo es blanco o negro, generalizando para todos las mismas estrategias y pautas nutricionales, sin tener en cuenta la situación sociocultural de las personas y sus emociones, y sin tener en cuenta que no todos los alimentos que ingerimos durante el día cumplen solo la función específica de nutrirnos.

Por supuesto que existe una recomendación general para todo el mundo, que es dejar de comer ultraprocesados a diario, ingerir comida real la mayor parte del tiempo y realizar actividad física varias horas a la semana. Debemos preocuparnos, también, por la agricultura sustentable y la forma de producción de nuestros alimentos, sabiendo como es la alimentación de los animales que comemos y el trato que se les da, resaltar el consumo responsable de proteína animal, no solo por nuestra salud sino también por la del medio ambiente (cositas que hablaré en otro artículo).

Siempre insisto en explicarles a mis pacientes que la dieta ideal no existe y que los alimentos no sólo se miden en gramos de macronutrientes y en kcalorías. No podemos comer perfecto el 100% del tiempo, porque querer comer perfecto es imposible, innecesario y muchas veces patológico. Si queremos comer perfecto, tendríamos que llegar a cada cumpleaños, salidas, reuniones con amigos los fines de semana y fiestas de fin de año con la comida en un tupper.

Ni siquiera los nutricionistas nos alimentamos todo el tiempo de forma 100% saludable. Muchas veces comemos algún ultraprocesado, cerveza o alguna comida de más, y se nos juzga o se nos hace algún chiste al respecto. Sobre todo si no se tiene un % de masa grasa mínimo y un % de masa muscular óptimo. Y debo decir que esto, principalmente, nos pasa a las mujeres. Como si no tuviésemos la presión social de tener un abdomen plano y marcado, y unos glúteos perfectos fuera de consulta, esto se potencia dentro de la misma.  Porque imagínense que, si supuestamente, entendemos toda la teoría sobre alimentación y deporte, si somos profesionales (mejores o peores) con títulos universitarios que nos dedicamos específicamente a pautar dietas, tendríamos que encajar sí o sí en esos cánones de belleza que nos venden la tv y las redes sociales. Porque si nosotras no encajamos, ¿qué tipo de trabajo entonces estamos haciendo o qué tipos de dietas entonces queremos vender? Y ahí está el error. No vendemos perfección ni cuerpos esculturales. Vendemos salud, y la salud no siempre esta asociada a un six pack.

Por querer imitar a la influencer de turno, los trastornos de la conducta alimentaria han mutado siguiendo un estereotipo de belleza hegemónica inalcanzable de manera natural. Hay una delgada línea entre comer sano y hacer ejercicio por placer, y comer sano y hacer ejercicio de manera obsesiva. Cuando comer sano es una preocupación constante y comer algo “fuera del plan” te genera culpa, ir a alguna reunión con amigos te estresa porque no sabes que vas a comer, cuando vives contando macronutrientes y kcalorías o piensas que todos los alimentos que comes deben cumplir una función específica, sería conveniente plantearse que quizá se esté atravesando un trastorno de este tipo.

Volviendo al reduccionismo nutricional, no se puede pautar o eliminar una serie de alimentos “equis” a todos los millones de seres humanos que vivimos en este planeta. Porque cada uno viene con un perfil hormonal diferente. A veces no es culpa del profesional de la salud, sino de la población, quien interpreta de manera errónea los mensajes que recibe, simplificando conceptos y aplicándolos de manera radical.

Comer es una necesidad básica y ponerle nombre al tipo de alimentación que llevamos a cabo parece muy cool. Debatir sobre dietas hoy en día es un tema que genera grandes controversias, en donde todos son expertos, ya sea porque les funcionó una estrategia específica, leyeron un libro, siguen un blog o van al nutricionista, etc.

 

Comer saludable puede salvarnos la vida, pero obsesionarnos con la comida nos la puede arruinar

Mis recomendaciones a la población general son:

  • Comer alimentos naturales la mayor parte del tiempo, teniendo en cuenta el consumo responsable de proteínas animales.
  • No demonizar ningún alimento (¡se pueden comer plátanos y aguacates incluso queriendo bajar % de grasa!)
  • Disfrutar de salidas y reuniones con amigos entendiendo que si nuestros hábitos son saludables la mayor parte del tiempo, una comida fuera del plan de alimentación no nos va a perjudicar en nada.
  • No idealizar ninguna dieta en particular, se puede ser vegano o paleo y gozar de buena o mala salud, independientemente de la corriente que sigas.
  • Aprender a identificar alimentos reales y buenos procesados, leyendo la lista de ingredientes en los envasados dejando de lado la tabla nutricional y las kcalorías, que no nos dicen nada sobre calidad alimentaria.
  • Aprender a cocinar, es la única manera de escapar de los alimentos ultraprocesados sin aburrirte en el intento.
  • Dejar de seguir cuentas en Instagram que generen obsesión y entender que detrás de esos abdominales perfectos puede haber una persona que sufre para poder lograrlos.

Si tienes dudas sobre cómo alimentarte de manera saludable, no dudes en ir a un nutricionista que te enseñe a hacerlo en una consulta privada de forma individual. Y si ya fuiste y tuviste una mala experiencia, por los motivos que sean, cambia de profesional hasta encontrar alguno que se adapte a tu estilo de vida y a tus necesidades particulares.